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La expresión "Sociedad del Conocimiento" ha venido utilizándose cada vez con mayor frecuencia y amplitud para denominar a la sociedad post-industrial en que vivimos.
El paso de la sociedad industrial a la del conocimiento se origina en la variedad de transformaciones sociales y tecnológicas que se desatan en la segunda mitad del siglo XX y que en su última década culminan con el surgimiento de Internet. Con razón se dice que Internet es la columna vertebral de la sociedad de conocimiento, ya que ella es el medio en que converge el desarrollo de las tecnologías de la información y comunicaciones que permite, acceder, generar y diseminar conocimientos. Este amplio y libre acceso al conocimiento constituye el aspecto más positivo de la globalización.
Tales cambios tecnológicos han venido acompañados de importantes transformaciones políticas y económicas resultantes en aperturas comerciales y liberalización de las economías, en las que se definen nuevas formas de competencia, haciendo de la competitividad de empresas y naciones un objeto específico de estudios transdisciplinarios. Estas transformaciones exigen una comprensión de los mercados internacionales y hacer de nuestros empresarios y profesionales ciudadanos cosmopolitas.
Conceptos clásicos en organización industrial y administración de negocios como los de sector económico y estructura funcional dan paso a nuevos conceptos, tales como los de "clusters" productivos y los de trabajo en red. En lo socio-cultural el correo electrónico y la telefonía celular han alcanzado un uso generalizado, mientras que los negocios y servicios electrónicos son parte de la vida diaria para un número cada día mayor de personas, todo lo cual ha dado forma a nuevos negocios, a nuevas formas de hacer negocios, y ha hecho del trabajo en red una posibilidad sin fronteras.
Junto a la proliferación de opciones de capacitación y educación vía Internet, surgen comunidades virtuales de todo tipo. El trabajo académico está siendo profundamente trastocado tanto en el qué se hace, como en el cómo se hace, a tal punto qué las universidades han tenido, una vez más que replantearse su función social y las formas de realizarla. El conocimiento se ha hecho mucho más accesible al público, instituciones como el MIT dan acceso gratuito a todo el material de cursos que producen; motores de búsqueda como Google son capaces de encontrar referencias para cualquier tema, mientras que aplicaciones gratuitas como Messenger permite establecer redes de interacción de alcance mundial. Esta nueva realidad está dando forma a una cultura de redes en la que las universidades tendrán que integrarse al resto de la sociedad funcionando como nodos dinámicos que se entrelazan dinámicamente con el mundo del trabajo, la ciencia y los negocios.
El hecho de que Internet sea una red, ha revitalizado las teorías organizacionales "organísmicas" y parece estar dando un espaldarazo definitivo a los enfoques sistémicos y cibernéticos a la gestión de empresas. La idea de organizaciones que aprenden y de inteligencia organizacional ya no se consideran meras analogías de procesos psicológicos, pasando a ser conceptos instrumentalizables por la vía del trabajo presencial y remoto en red. Los desarrollos y aplicaciones de la inteligencia artificial han dado origen a herramientas no sólo capaces de generar modelos predictivos de varios tipos, sino que también capaces de identificar patrones de comportamiento y de hacer clasificaciones a partir de criterios autogenerados.
Nuestros profesionales irán a trabajar a esta sociedad y para ella debemos prepararlos, y también para esta sociedad es que debemos ofrecer opciones de educación continua a aquellos que se formaron antes de Internet. Para nuestros empresarios debemos convertirnos en una fuente de información y de apoyo para su proyección al mundo.
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