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martes 25 de noviembre de 2008   

CHILE TRAS EL INFORME GLOBAL DE BRECHA DE GÉNERO 2008 

Radiografía de la brecha de género 
Chile ocupó el lugar 65 en el último informe del Foro Económico Mundial, que mide la brecha de género en el mundo. Si bien avanzó 21 lugares en sólo un año, los expertos dicen que aún el camino es lento. Mujeres con más educación que los hombres, pero sueldos muy inferiores, y con muy poca presencia en cargos políticos son algunos de los desafíos pendientes.

Por DANIELA MOHOR W.

Un salto hacia arriba de 21 puestos en sólo un año: La entrega de la versión 2008 del Global Gender Gap Report (Informe Global de Brecha de Género) por el Foro Económico Mundial - que ranquea a 130 países evaluándolos en términos de equidad entre hombres y mujeres- parecía traerle sólo buenas noticias a Chile. Del puesto 86 en 2007, logró avanzar hasta el 65. El progreso es incuestionable, sin embargo, la publicación del estudio también ha sido una oportunidad para expertos y autoridades de constatar que falta mucho para que Chile reduzca realmente las brechas de género y alcance niveles comparables a los de los países nórdicos, como Noruega, Finlandia y Suecia, pioneros en estos temas y que lideran el ranking.

El Global Gender Gap Report mide los niveles de equidad de género en cuatro áreas - educación, salud, participación y oportunidades económicas y participación política- para establecer el lugar que ocupa cada país. Se enfoca en la repartición de los recursos entre hombres y mujeres, sin tomar en cuenta el nivel de desarrollo de cada nación, lo que permite obtener una evaluación más precisa de las brechas, y también de las tareas pendientes.

"Chile fue capaz de subir 21 puestos desde el año pasado esencialmente gracias a un aumento en el número de mujeres en cargos ministeriales, a la cantidad de años que una mujer lleva como Jefa de Estado y una leve disminución en la brecha de género en el acceso a la educación superior. Además, mantuvo los mismos resultados en participación económica de la mujer y en salud. Es decir, que no se deterioró", explicó a Revista Ya Saadia Zahidi, del Foro Económico Mundial, y una de los tres autores del ranking.

El informe, sin embargo, también registró que Chile está por debajo del promedio de los otros países de la región de Latinoamérica y el Caribe, y que pese a los progresos logrados recientemente en educación, salud y política, sigue atrasado en lo que se refiere a la participación y las oportunidades económicas del género femenino. "Las mujeres en Chile siguen ganando un monto considerablemente inferior que los hombres por un trabajo similar, y hay mucho menos mujeres que hombres en los cargos altos, como legisladores y gerentes", dice Zahidi. "Hay muchos factores que deben ser tomados en cuenta cuando se identifican las razones de esas brechas de género, y los factores socioculturales juegan un rol crucial. Por ejemplo, en las sociedades en que las mujeres han jugado tradicionalmente un rol predominante en el área doméstica, se tiende a ver brechas mayores en participación económica, educación y empoderamiento político de la mujer".

Ese parecería ser el caso de Chile. Aquí revisamos junto a distintos expertos cuál es la situación real del país en las cuatro áreas evaluadas.

La educación: mujeres más preparadas que los hombres.

Gracias a la ley que garantiza el acceso gratuito de hombres y mujeres a la educación hasta cuarto medio, Chile está entre los países de la región mejor ubicados en ese ámbito. "En educación es donde mejor estamos en América Latina en general, y, en el caso de Chile, esta igualdad es bastante más notable porque hay una larga tradición de inversión en la educación que ha beneficiado a las mujeres", dice Sonia Montaño, directora de la división de asuntos de género de la Cepal.

A la vez, señala que el problema está en que las chilenas siguen concentradas en sectores tradicionalmente reservados a la mujer. "Hay pocas mujeres en las áreas científicas y tecnológicas".

Todos los expertos coinciden en eso. "Chile tiene buenos niveles en cuanto a acceso, pero la mujer todavía tiene problemas en el currículo oculto y en prácticas docentes que incentivan que las jóvenes, a la hora de postular a carreras, se focalicen en las que son tradicionalmente femeninas y que son las más mal pagadas. Todavía hay una invisibilidad de la mujer desde el punto de vista conceptual en la educación que hace que los niños sigan construyendo patrones culturales donde se les asignan a las mujeres determinados roles y a los hombres otros más preponderantes", dice Laura Albornoz, ministra del Sernam y actual directora de la Comisión Interamericana de Mujeres. Agrega: "En Chile, la mujer tiene en promedio más años de estudios que los hombres - 11,7 versus 10,8- , entonces las brechas que hay son más bien de carácter cultural y hacen que todavía haya una división sexual del trabajo. Ellas se crían preferentemente para asumir roles de maternidad y de cuidado del hogar".

Participación económica: la injusticia de la brecha salarial.

Los obstáculos que persisten en materia de educación están directamente vinculados con las brechas que se mantienen en el mercado laboral. Claudia Dides, directora del Programa de Género y Equidad de la Flacso, destaca que aunque en los últimos años el número de mujeres laboralmente activas ha aumentado, pasando de 38,5% a cerca del 42%, persisten inequidades muy importantes entre hombres y mujeres. "Chile sigue siendo el país con el nivel más bajo de América Latina en este ámbito. Además, hay que ver las condiciones de trabajo de las mujeres, porque muchas trabajan sin contrato y eso significa que no tienen protección social".

La investigadora Sonia Montaño indica que en Chile se da una situación paradojica: el nivel educativo de las trabajadoras es más alto que el de los hombres para un similar empleo, pero el sueldo de ellas es inferior. "Un primer elemento de discriminación es que a la mujer que sale a trabajar en un mall o en una empresa cualquiera de servicios le van a exigir una mayor educación que a los hombres. Entonces, Chile tiene un doble problema: primero, las mujeres mejor educadas que entran a trabajar son discriminadas, y segundo, las mujeres pobres quedan excluidas".

Eso, agrega la experta, tendría mucho que ver con factores socioculturales. Montaño señala que un estudio del Centro de Estudios de la Mujer, que comparó Argentina, Perú y Chile, reveló que los chilenos son más reticentes a que sus parejas salgan de la casa, y que cuando lo aceptan es sólo por la necesidad de generar ingresos. También menciona estudios que evidencian que mientras están solteros, hombres y mujeres tienen una carga doméstica similar, pero que al casarse, la de la mujer aumenta y la de los hombres disminuye. Eso dificulta la salida de muchas mujeres al mercado laboral, sobre todo en los sectores menos favorecidos. "En Perú uno ve que las mujeres salen a trabajar con los niños. En Chile eso no pasa porque las mujeres tienen una forma de atender la familia que les impide salir al mercado del trabajo".

Asimismo, según los datos recopilados por la Cepal, el desempleo femenino en Chile duplica el masculino, en muchos casos porque ellas no tienen quién les cuide a sus hijos mientras buscan trabajo.

Según la ministra del Sernam, Chile esté mal ubicado en el ranking en cuanto a participación económica de la mujer por dos razones. "Se producen dos tipos de segmentación: la primera es que el 80% de las mujeres que se encuentran en el mercado de trabajo remunerado lo hace en áreas que son una extensión del trabajo doméstico. Por regla general, son áreas vinculadas con labores mal pagadas, como el de trabajadora doméstica o los servicios sociales. Y, además, estudios indican que la mujer ocupa sólo un 13% de las gerencias y solamente un 5% de los cargos directivos de las empresas".

A eso se suma que las mujeres que sí alcanzan cargos de alta remuneración perciben un sueldo muy inferior al de sus pares hombres. "Mientras más estudios tengamos las mujeres en Chile, mayor es la brecha en el salario que aparece. Las mujeres con doctorado o magíster pueden tener una brecha con los hombres que alcanza hasta el 50%", dice la ministra Laura Albornoz.

El tema de la brecha salarial - que asciende a cerca del 30% y es una de las más altas de América Latina- es uno de los temas más preocupantes. Al punto que en abril, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que busca reducirla y que ahora está en discusión en la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado, donde falta precisar algunos puntos en debate como la definición del concepto de "trabajo de igual valor".

Otra iniciativa que podría mejorar las condiciones salariales de las mujeres es el Programa de Buenas Prácticas Laborales que adoptó el gobierno - inspirado en programas similares en España, Noruega y Alemania, entre otros. En Chile, si bien el sector público está obligado a seguirlo, sólo se han adherido 44 empresas privadas, a diferencia de las 500 que se sumaron en Alemania, por ejemplo. "Distintos estudios internacionales indican que las empresas más productivas del mundo son las que tienen más mujeres en sus cargos directivos. Es decir que las que implementaron políticas de paridad como ocurre en Noruega, donde es obligación para las empresas cumplir con una presencia de 40% de mujeres en los cargos directivos, han aumentado su productividad en un 33%", destaca Laura Albornoz.

Para Sonia Montaño, el ejemplo de Noruega (número uno en el ranking de este año del WEF) es muy decidor de lo eficientes que son las políticas de cuotas y de acción positiva en las empresas. "Tiene que haber una voluntad. No funciona lo de 'el tiempo dirá'. Los empresarios suelen tener prejuicios de que las mujeres son incumplidoras porque van a tener muchos hijos, de que cuestan más, y todos los estudios de la OIT demuestran lo contrario. Contratar a las mujeres es más barato que a los hombres porque no abandonan el trabajo salvo para llevar a sus hijos al colegio y hoy no están teniendo más de dos en promedio. En cambio, los hombres tienen ausentismo laboral por una variedad de otras razones que hacen que los costos sean mayores para las empresas".

Participación política: la subrepresentación de las mujeres

Pese a los resultados chilenos en el Informe del WEF, uno de los principales atrasos en Chile se da en la política. La elección de una mujer Presidenta no se vio reflejada en los otros cargos políticos, salvos los ministeriales, que son por designación. (Ver recuadro).

Diferentes estudios indican que hoy las chilenas sí están dispuestas a votar por mujeres, por lo que la discriminación no se haría a nivel de los electores. "Chile es el país de la región más atrasado desde el punto de vista político. No se condice el hecho de que las chilenas sean tan educadas con este bajo nivel de representación política. En Rwanda por ejemplo, la mitad de la toma de decisiones la realizan las mujeres", dice Sonia Montaño, de la Cepal. "El problema está en los partidos que no ponen a mujeres en las listas, aunque no falte quienes quieran ser candidatas. Y los partidos no lo van a hacer por iniciativa propia".

María Cristina Benavente, investigadora del Programa de Género y Equidad de la Flacso, tiene una opinión similar. Indica además que uno de los problemas principales es que cuando los partidos incluyen a mujeres en sus listas proponen a figuras que no tienen posibilidades de salir electas o no les ponen énfasis a sus campañas. "No hay una voluntad política de los entes masculinos de los partidos de incorporar a la mujer. No hay otra manera de hacerlo que la ley de cuotas", dice.

Ese tipo de ley existe en Colombia y Argentina, por ejemplo, y ha dado buenos resultados. Pero en Chile, el proyecto de ley de participación política de la mujer impulsado por el gobierno aún no ha sido discutido ni una vez en el Congreso.

Según los especialistas, la falta de mujeres en la política chilena es preocupante, ya que distintas investigaciones internacionales han demostrado que las mujeres, al entrar al poder, tienen un efecto importante. No sólo mejoran la representación de la sociedad, sino que además ponen en agenda temas de importancia para la mujer. "No hay democracia cuando no hay mujeres representadas en el Parlamento y eso afecta el tipo de leyes que se aprueban, tiene incidencia en los tiempos que demora la tramitación de leyes y en los temas que se abordan", sentencia Laura Albornoz.

La salud: el embarazo adolescente como factor de inequidad.

La salud es uno de los ámbitos en que Chile tiene mejores indicadores, comparado con los otros países de América Latina. El informe del Foro Económico Mundial (WEF) señala, entre otras cosas, que el 99,8% de los partos en Chile son atendidos por equipos médicos preparados, y de manera general los expertos coinciden en que el acceso de las mujeres a la salud es bueno (pero especifícan que no existen estudios sobre la calidad de los servicios prestados).

Sin embargo, quedan varias áreas en que las mujeres enfrentan situaciones que las desfavorecen respecto de los hombres. Uno de ellos es el embarazo adolescente, que afecta, según el Informe Global de Brecha de Género, a 60 de cada mil niñas entre los 15 y 19 años de edad. "Las cifras son alarmantes y las niñas de los sectores de menos ingresos del país tienen tasas de embarazo siete veces mayores que las niñas de los sectores acomodados, sabiendo que el embarazo adolescente puede constituirse en el futuro en una importante fuente de inequidad para las mujeres en Chile", lamenta Laura Albornoz, ministra del Sernam.

Para María Cristina Benavente de la Flacso, no obstante, no bastan las medidas para mejorar la educación sexual, ya que el problema estaría en la falta de atención dirigida específicamente a los adolescentes en la salud pública chilena y también en que la anticoncepción siga culturalmente a cargo de las mujeres.

Otro elemento de inequidad entre géneros tiene que ver con las tasas de depresión. Si bien en todo el mundo ese mal acecha más a las mujeres que a los hombres, los especialistas consideran que en Chile está particularmente asociado a la doble o triple carga de trabajo de las mujeres. "La calidad de vida de las mujeres es peor que la de los hombres, entonces hay factores de riesgo para ciertas enfermedades, como el estrés, que antes eran más propios de los hombres y que ahora ya no lo son", señala Vivian Milosavljevic, responsable de estadísticas de la división de asuntos de género de la Cepal.

La experta indica además que las mujeres también se ven desfavorecidas en la vejez. "Muchas quedan viudas porque tienen una mayor esperanza de vida que los hombres y ellas no tienen necesariamente cobertura previsional o reciben una pensión insuficiente".

Un último elemento de inequidad está en los planes de las isapres, que penalizan a las mujeres en edad fértil, subiendo el precio para ese tramo y que suponen que sólo el género femenino debe hacerse cargo de los costos asociados al embarazo y el parto. Esa es una tarea pendiente, aseguran los expertos. La ministra del Sernam, Laura Albornoz.

Daniela Mohor W.




Lunes 3 de noviembre de 2008
La Nación
 
Por Javier Fuenzalida Santander, superintendente de Seguridad Social 
POLÍTICAS PÚBLICAS
 
Compromiso con las madres trabajadoras
En el sector privado también son cada vez más las empresas que se comprometen con las futuras generaciones, desde su estado embrionario, entregando garantías de flexibilidad horaria y seguridad en el puesto de trabajo.
 
Mucho hemos escuchado sobre el paulatino envejecimiento de la población chilena. Que las familias son cada vez más pequeñas, que la maternidad se decide a una edad cada vez más avanzada, que para las mujeres está primero el desarrollo profesional o que la sociedad no protege debidamente a las madres.

Según un reciente estudio de opinión realizado por Clínica Las Condes y Adimark, un amplio 71% de las mujeres chilenas no se sentirían apoyadas por la sociedad para ser madres. Esto lo perciben en especial en la discriminación laboral, un pre y posnatal muy corto, empresas que no contratan a mujeres embarazada, poca flexibilidad en los horarios de trabajo, empleadores molestos con las licencias, despidos post fueros y bajos sueldos. Dicha percepción no deja de ser desalentadora. Sin embargo, al mismo tiempo, resulta curiosa, sobre todo al dimensionar los variados beneficios de seguridad social con que el Estado cuenta para proteger a las madres trabajadoras, y que están avalados por la actual legislación laboral.

En Chile existe un sistema de protección a la maternidad que comprende el cuidado antes, durante y después del embarazo. Esto en aspectos tales como descanso maternal, mantención de la remuneración de la trabajadora y cuidado del niño en el caso de una enfermedad grave hasta cumplido su primer año de vida. El alcance de estos beneficios comprende a todas las trabajadoras dependientes del sector público o privado, y a aquellas trabajadoras independientes acogidas a algún sistema previsional.

Para todas ellas, los subsidios otorgados en virtud de reposos maternales y permisos por enfermedad grave del niño menor de un año son de cargo al Fondo Único de Prestaciones Familiares y Subsidios de Cesantía. En otras palabras, estos beneficios se financian íntegramente con recursos fiscales, porque corresponden a beneficios laborales y de seguridad social. Durante 2007, el Estado invirtió 136.384.056 millones de pesos por este concepto, lo que se desglosa en 86.314.309 millones de reposo pre y posnatal y 50.069.747 por enfermedad de niño menor de un año.

En consecuencia, la maternidad y los gastos que de ella se derivan están protegidos por la ley, pero son al mismo tiempo un imperativo ético, derivado de la importancia que el Gobierno le ha dado a la protección de la mujer trabajadora. De este modo, el Estado se ha consolidado como una de las entidades precursoras en proteger la maternidad y la familia. En la actualidad existen múltiples iniciativas de carácter público que propenden a su protección. Un ejemplo es el "Código de buenas prácticas laborales sobre no discriminación para la administración central del Estado". En sus objetivos principales plasma el compromiso por fomentar el desarrollo o aplicación de medidas que permitan a mujeres y hombres conciliar las responsabilidades laborales y obligaciones familiares. Así es como se garantiza estrictamente el cumplimiento de las normas de protección a la maternidad y se extiende el ejercicio de los derechos a los padres trabajadores.

En el sector privado, en particular en la última década, también son cada vez más las empresas que se comprometen con las futuras generaciones de chilenos y chilenas, desde su estado embrionario, entregando garantías de flexibilidad horaria y seguridad en el puesto de trabajo. La importancia creciente de los recursos humanos en la gestión empresarial o institucional, compartida tanto por los ejecutivos públicos y privados, permite constatar que estamos viviendo un profundo cambio cultural en este sentido, que permitirá en el mediano plazo terminar con las negativas percepciones de abandono e inequidad que todavía prevalecen en algunos sectores de la población.




Viernes 21 de noviembre de 2008   
 
La Nacional

Inequidad de género sigue siendo traba para el desarrollo económico del país
Chile subió 21 puestos, llegando al lugar 65 -entre 130 países- por sus avances en política. Pero en oportunidad económica se ubica en el 106.

Pese a que nuestra macroeconomía es una de las más estables de Latinoamérica, aún estamos muy lejos de asumir liderazgo a nivel regional en materia de igualdad de oportunidades y expansión de los beneficios del sistema macroeconómico.

Así lo indica The Global Gender Gap Report, el último ranking elaborado por el Foro Económico Mundial (FMI), en el que este año nuestro país escaló 21 puestos, ocupando el lugar 65 dentro de un universo de 130 países en estudio. Este informe compara los niveles de equidad de género de cada país en estudio, lo cual permite sacar conclusiones más profundas respecto a la participación económica y política de los diversos actores de la sociedad.

En general, Chile mejoró en igualdad entre hombres y mujeres, pero sigue lejos de otros países del vecindario como Argentina (24), Cuba (25) o Colombia (50). Y para llegar a sus conclusiones, el FMI consideró cuatro variables: Participación y oportunidad económica, Nivel educativo, Poder político y Salud y Supervivencia.

Nuestro país subió con fuerza del puesto 58 al 26 en el ítem Fortalecimiento político. Sin embargo, este logro podría verse opacado por el terreno que hemos perdido en la categoría Participación económica y oportunidades (lugar 106). Un examen previo del FMI, publicado en el mes octubre, midió la competitividad de 134 países y Chile ocupó el lugar 28. Entre las mejores evaluaciones estuvo la eficiencia del libre mercado y la gestión macroeconómica, materias en las que nuestro país ha permanecido entre los primeros 20 escaños por años. La deficiencia del país en el ítem de participación y oportunidades, siendo un factor de alto impacto los desequilibrios de género en el acceso al mercado laboral.

Según el FMI, el noreste de Europa lidera en términos generales el ranking. Noruega encabeza el Top 130, seguido por Finlandia en el segundo puesto y Suecia en el tercero. En el caso de Noruega, el informe concluye que el factor determinante ha sido la existencia de una legislación que exige al menos un 40% de participación femenina en el directorio de las empresas. Esa sería una política temporal de cuotas.




Martes 25 de noviembre de 2008   
 
Por Nancy Arancibia / La Nación 
83% pide terminar con diferencias salariales y 46% dice que VIF es problema principal
 
Prioridades de las chilenas: eliminar brecha y violencia
Sienten que han ganado espacios. Pero basta que salgan al mundo del trabajo para que el machismo aparezca en gloria y majestad. De hecho, un 92% se siente discriminada en ese ámbito. Ser protegidas de la violencia intrafamiliar y sancionar la agresión en el pololeo, también están en su lista de exigencias.

Según el último informe del Foro Económico Mundial sobre equidad de género, nuestro país subió 21 puestos respecto del año pasado (al lugar 65 entre 130), gracias a la mayor participación de las mujeres en política. Sin embargo, el talón de Aquiles del desarrollo económico chileno sigue estando en el área de la igualdad de oportunidades ligadas al trabajo.

Allí el país se ubica entre los peores del planeta (106) y según el reporte, de no cambiar eso, el salto al desarrollo demorará más de lo presupuestado.

No es el primer ni el último informe que da cuenta del tema. Y es que en Chile la ecuación entre igualdad, trabajo y familia no calza. No al menos para las mujeres.

La Quinta Encuesta Nacional "Percepciones de mujeres sobre su situación y condiciones de vida en Chile 2008" elaborada por la Corporación Humanas, da cuenta de las contradicciones y tironeos de la población fememina para conciliar estos intereses, así como de los derechos que exigen les sean respetados de una buena vez.

Trabajo y violencia

El 66% sitúa la "independencia económica" (53%) y la "realización en su trabajo" (13%) como los elementos más importantes en su proyecto de vida. Tener hijos y dedicarse prioritariamente a sus familias sólo fue nombrado por un 25% de las encuestadas.

De allí que sea considerado "urgente" por el 83% de las encuestadas que se igualen los sueldos de hombres y mujeres que realizan igual trabajo y que se ponga fin a la discriminación en el ámbito laboral considerado por el 92% como el lugar donde más se les segrega.

Otro tema relevante para las chilenas es la violencia intrafamiliar. No por nada es considerado el principal problema que afecta a la población femenina (43%). Un 56%, en tanto, considera que la situación ha empeorado o se ha mantenido igual en el último tiempo, un 33% dice que estar protegida de ella es el principal derecho femenino y un 81% que la violencia en el pololeo debe ser sancionada.

Brecha salarial ¿cuándo?

El proyecto de ley que busca eliminar la brecha salarial entre hombres y mujeres está detenido en el Congreso a pesar de la urgencia puesta por el Ejecutivo. Un tema no menor cuando el FMI pone el acento en este punto y las encuestadas por Humanas son mujeres mayores de 18 años inscritas en los registros electorales.

No sólo el sueldo es tema. También conciliar las tareas domésticas con las laborales. Porque un 56% de las mujeres creen que las condiciones para lograrlo no han cambiado y un 12% cree que ha empeorado. Más dramático es que el 70% está de acuerdo con la frase "la maternidad resta oportunidades laborales a las mujeres" y un 67% cree que cuando trabaja fuera del hogar hijos e hijas resultan perjudicados.

Carolina Carreras, vicepresidenta de Corporación Humanas explica que esta percepción se explica porque las tareas domésticas y de cuidado de los hijos siguen siendo de responsabilidad de las mujeres. Al preguntar quien es el responsable de éstas, más del 78% dice que ellas.

Corresponsabilidad

De allí que Carreras promueva la corresponsabilidad entre hombres y mujeres. Un tema escasamente tratado a nivel país. "Necesitamos tomar medidas que permitan la corresponsabilidad no sólo en el ámbito cultural o de lo privado, es decir en el acuerdo de una pareja. Para que éste se provoque son necesarias medidas que garanticen que se concrete. Una de ellas, es la sala cuna para los trabajadores hombres".

La experta explica que con ella se asegura compartir el cuidado de los hijos y liberar las presiones para el empleo femenino. Lo mismo sucede con distribuir el cuidado en caso de enfermedades del hijo.

"En Chile seguimos atrasados respecto de Latinoamérica. Tenemos sólo un 39% de ingreso de mujeres al mercado laboral y además determinado por las condiciones laborales y las posibilidades de conciliar el trabajo doméstico no remunerado con el remunerado", dicen en Humanas.




TENDENCIAS

200 mil nuevas mujeres en los últimos dos años en Chile califican como emprendedoras

Para 2008 se estima que habrá más de 750 mil mujeres realizando algún tipo de emprendimiento en el país.

Más de 750 mil son las mujeres emprendedoras que hay en nuestro país y 200 mil las que entre 2007 y 2008 decidieron crear su propia empresa,  según los resultados del informe GEMMujer realizado por la Universidad del Desarrollo.

El estudió concluyó que pese a que la actividad emprendedora en el país todavía es dominada por hombres (2 de cada 3 emprendedores son hombres) la participación femenina cada año aumenta de forma importante. De hecho, para 2008 se estima que habrán más de 750 mil mujeres realizando algún tipo de emprendimiento en Chile.

La estructura de edad de las mujeres en etapas iniciales está mayoritariamente en el rango de 25 a 44 años. No es de extrañar que la edad promedio suba en cuanto a las emprendedoras en negocios o empresas establecidas.

Así, el promedio de las mujeres emprendedoras en etapa iniciales es de 39,9 años y el de las establecidas de 48,6 años. Esto se explica, según el estudio, porque después de los 40 hay una mayor disponibilidad de tiempo y menores requerimientos familiares, que liberan tiempo para otras actividades.

Con respecto a la educación, factor relevante que suele estar relacionado con la inserción de las mujeres en el mercado laboral, en Chile la equidad de género en el acceso a ésta ha venido consolidándose en la última década.

Una consideración importante es que mientras las mujeres tienen en promedio 11,8 años de escolaridad, los hombres estudian 10,7 años. En Chile, se muestra a través de este informe que las mujeres están cada vez más preparadas, lo que puede tener una incidencia importante en el tipo de negocios o empresas que emprenden o emprenderán a futuro las mujeres.

La mayoría de las mujeres emprendedoras tienen niveles medios y medios bajos de renta y a medida que la actividad emprendedora se perdura como el caso de las empresarias establecidas, hay un mayor porcentaje de mujeres con mayores ingresos.

Igualmente hay una relación positiva entre niveles de ingreso y niveles de educación. Si se toma como base que una persona con estudios universitarios gana 100, entonces la persona con estudios técnicos recibirá un 50 por ciento aproximado de lo que ganaría si fuese universitario, llegando a un 16,5 por ciento en los que sólo tienen estudios básicos.

El informé concluyó también que el 56 por ciento de las mujeres emprendedoras en etapas iniciales que manifiestan seguir una oportunidad de negocio tienen alguna educación posterior a la secundaria.

Además, el 62 por ciento de las mujeres emprendedoras en etapas iniciales están casadas o viven en pareja y este indicador sube al 67,5 por ciento en emprendedoras establecidas, lo que también nos puede dar indicios del soporte familiar que la actividad emprendedora puede tener en las mujeres.

La Tercera



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